Gabo por siempre

Gabo es y será inolvidable. A tres años de su partida física miles de personas lo siguen recordando, amando y, sobre todo, leyendo. Más de 20 obras le hicieron merecedor del reconocimiento mundial.

El legado periodístico de Gabriel García Márquez continúa siendo referente en las escuelas de comunicación de América Latina. Su producción literaria marcó un hito y abrió nuevas perspectivas en las formas de narrar una historia. En 1961 con La mala hora, Gabo ganó el Premio de la Novela ESSO. Con su emblemática novela Cien años de soledad en 1972 recibió el Premio Rómulo Gallegos.

Diez años después obtuvo el Premio Nobel de Literatura (1982) “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”, según la laudatoria de la Academia Sueca. De esta manera, se convirtió en el primer colombiano y el cuarto latinoamericano en conquistar el galardón.

Entre su obra narrativa destacan: La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), Los funerales de la Mamá Grande (1962), Relato de un náufrago (1968), El otoño del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Doce cuentos peregrinos (1992), Vivir para contarla (2002), Memorias de mis putas tristes (2004). La labor periodística de Gabo quedó recogida en Textos costeños (1981) y Entre cachacos (1983).

En su discurso tras recibir el Nobel de Literatura, García Márquez dejó plasmada su visión sobre Latinoamérica:

-“América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental”. -“Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.

-“La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”. -“La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”.

“Vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie. Tantas flores cayeron del cielo, que las calles amanecieron tapizadas de una colcha compacta, y tuvieron que despejarlas con palas y rastrillos para que pudiera pasar el entierro”.

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