Críticas por “racismo” a la nueva ley de Israel que lo define como “Estado-nación judío”

Los once puntos de Estado-Nación se han convertido en la decimotercera Ley Básica israelí y una de las más controvertidas en 70 años de un país sin Constitución. Aunque tiene un carácter básicamente declarativo y simbólico, los ciudadanos árabes se sienten discriminados ya que la ley define al hebreo como el idioma oficial rebajando el árabe a un estatus especial y consagra a Israel como “el hogar nacional del pueblo judío”.

Críticas externas, consignas de asesores legales y pactos internos suavizaron o eliminaron las cláusulas más polémicas en los últimos meses, pero el texto aprobado en el Parlamento (Knésset) pone a prueba la delicada relación entre la mayoría judía y la minoría judía de Israel. “Es una mancha de nuestra democracia. El primer ministro Benjamín Netanyahu promovió esta innecesaria ley debido a su lucha con Naftali Bennett por el voto más nacionalista”, acusan desde el laborismo en alusión a los comicios del 2019.

Tras el anuncio del voto a favor de 62 diputados, 55 en contra y dos abstenciones, los 13 miembros del partido árabe Lista Conjunta se levantaron indignados de sus asientos en la cámara de Jerusalén, rompieron el documento y gritaron “¡Apartheid!”. El bloque árabe, que constituye la tercera fuerza en la Knésset, denuncia: “Es una ley racista que discrimina al 20% de la población”.

Su ira apunta al espíritu de la ley que considera la creación de comunidades judías como un “valor nacional” y que otorga a los judíos de forma exclusiva “el derecho de autodeterminación nacional en Israel”. Su enfado se centra de forma concreta en el cuarto punto que, aunque especifica que el estatus especial del árabe no se verá dañado, es visto como “una ofensa” que va más allá de las palabras escritas y habladas.

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